La Palma de los sesenta y setenta: El Bar Charneca

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En este recorrido por la geografía evocadora palmeña que venimos realizando, hoy nos vamos a detener en otro punto importante que, tal vez no pase a la historia de nuestra ciudad, como sus numerosos monumentos, pero sin duda debe tener un lugar destacado entre los enclaves con renombre y sabor popular, el Bar Charneca. Para ello me serviré de varias fotografías cedidas por su familia, y alguna más.

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Manuel Ruiz Peso, “Charneca”, era hijo Manuel Ruiz y Belén Peso, posiblemente prima de mi abuelo Sebastián. Este matrimonio, entre otras actividades, surtía de agua potable a la población por los años 40 y 50, gracias al pozo que había en su casa en la Calle Nueva (entonces Écija), frente a la Calle Sánchez. Mi hermano mayor, Pepe, bebió alguna vez de ese pozo al ser amigo de uno de sus nietos. La abuela de Anamari, Concepción, era hermana de Charneca, con lo que mi relación con él se puede atisbar por varios frentes. En el libro de Dominique Lapierre y Larry Collins, “O llevarás luto por mí”, se le nombra varias veces, aunque se le llama “Pedro Charneca”, cambiándole el nombre de pila y haciendo de su apodo el apellido.

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El bar estaba situado en la Avenida de Pio XII y cerró hace bastantes años. Era el primer edificio de esta calle, entrando por la calle Portada, hacia la izquierda, en dirección a San Francisco, después de la casa de Huéspedes Castillo. Un local no muy grande que lucía una marquesina, que perduró tiempo después de cerrar, además del toldo que lucía el nombre comercial del establecimiento.

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La entrada, con la marquesina, la vemos en la foto, aproximadamente de 1956, con Mari Díaz Ruiz, sobrina de Charneca, la tía Conchita (hermana menor de mi suegra) y Mari Pepa, sobrina de ésta. Detrás, a la izquierda, se ve el puesto de turrón de la tía Amelia, casada con un hermano de mi suegra, feriante ecijana que solía instalar otro puesto de juguetes delante del Bar Guerra, antes de las obras de remodelación del Paseo y el nuevo Recinto Ferial de 1991. La imagen, muestra esos momentos de gran afluencia de clientes en las ferias, debido a su excelente ubicación cercana al Paseo.

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Charneca montó el bar con el dinero que le quedó de cuando le tocó la lotería en 1940 y se gastó la mayoría de las 90.000 pesetas (un capital entonces) en fiestas, cuando se trasladó a Sevilla. Lo cuentan Lapierre y Collins en su libro, y me lo han confirmado en la familia. Manuel había sido camarero y conocía bien el negocio. Su establecimiento se distinguió por el ambiente taurino, ya que era gran aficionado a los toros, habiendo sido incluso becerrista en su juventud. Nos dicen que se gastaba grandes cantidades en teléfono para conocer el resultado de las principales corridas de toda España, y luego lo anunciaba en una pizarra colgada en la puerta del bar.

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El bar estaba adornado con numerosos carteles taurinos y fotografías de toreros, divisas de las ganaderías y alguna cabeza disecada de un astado. Parece que Manuel Benítez, “El cordobés”, encontró su vocación observando semejante decorado, como otros chavales palmeños. De hecho, Charneca fue uno de los más firmes defensores del torero, colocando diferentes fotografías del diestro en su local y convirtiéndolo en “Peña El Cordobés”, como vemos en la imagen. En su establecimiento se daban cita, además de muchos humildes trabajadores del barrio, bastantes personajes del mundo del torero, tan de moda en los años 60 y 70 del siglo pasado. El bar llegó a convertirse en un santuario del mundo taurino local, con trascendencia nacional en los tiempos en que “El Cordobés” fue un personaje popular y mediático, incluso a nivel internacional, siendo usado por el Régimen de Franco como un “embajador” de la España que quería abrirse al mundo, tras la posguerra.

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Mi familia no era asidua del local, solo lo recuerdo al verlo cuando pasábamos por allí, sobre todo en las ferias. Sí fui más de una vez a la otra peña taurina que había en los años 60 en Palma, la Peña “El Palmeño”, dedicada a Manuel Fuillerat Nieto, “Palmeño”, hijo de Julio Fuillerat García, la otra figura taurina local de los primeros años 60. Estaba entre la actual Plaza de España y la Travesía Alamillos, y creo que mi padre era socio. Y eso, tal vez, más por la cercanía a la Farmacia de Chacón, donde prestaba sus servicios, que el que un primo mío se hubiese casado con una hermana de este torero.

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Volviendo a Charneca, hemos de recordar que siguió a Manuel Benítez en muchos de los lugares en los que toreó, organizando excursiones para ver sus corridas y gozó de su amistad hasta su muerte. En algunas fotografías le vemos en compañía del torero, junto a otros palmeños. Mi tío Emilio, el carnicero, junto a sus hijos, también tuvieron lógicas relaciones de negocio tanto con el torero como nuestro barman.

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Junto al bar, Paco Castillo levantó un local de bodas (donde antes tuvo la primera piscina de Palma, que se ve en la tercera fotografía) que ha visto pasar muchas celebraciones de todo tipo, incluso actos políticos durante la Transición. Yo mismo participé allí en el primer mitin en el que hablé, en la campaña de las elecciones municipales de 1983. La foto de una celebración que supervisa Manuel “Charneca”, está situada en ese salón. Muchas veces el local se complementaba con la nave de aparcamientos que tenía contigua el mismo empresario. Como hizo mi hermano Roberto cuando su boda. Manolo servía bodas y otros ágapes, además de atender su bar. Allí empezó su sobrino Manuel Díaz Ruiz, que luego montó con su esposa Victoria Sánchez el Catering Virgen de Belén, negocio que mantienen sus hijas en estos tiempos.

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Manuel “Charneca” enviudó, sin tener hijos, y durante mucho tiempo convivió con su cuñada, a la que tenía empleada en el bar. Cuando cerró el bar, un pedacito de la historia popular de nuestra ciudad cerró sus puertas, coincidiendo con el declive de lo taurino. Elemento que se quiso utilizar para reclamo o seña de identidad local, debido al gran número de aficionados y a algunos profesionales del toreo que dio nuestro pueblo. El cartel en forma de burladero que había en la antigua carretera, tanto por la entrada desde Peñaflor como por la de Córdoba, con la inscripción “Palma del Río, cuna de grandes toreros”, era una señal clara de ese intento de “vender” Palma en su vertiente taurina. El cierre de las Peñas, tanto la del Palmeño, como la de El Cordobés, cuando se cerró el Bar Charneca, sin duda, simbolizó la decadencia de este arte en nuestro pueblo, y su casi desaparición hasta fechas recientes en que parece que hay quien intenta darle nuevos bríos. Queden estas imágenes y estas palabras como recuerdo de aquellas viejas glorias.

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