La feria, un organismo vivo

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Como ocurrió el pasado año, al iniciarse la feria de mayo de Palma del Río, hoy publico mi colaboración en la revista de feria que edita Coleopar Ceparia, con Imprenta Lopera, y con el patrocinio del ayuntamiento palmeño, que se presentó el viernes pasado.

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La feria, un organismo vivo

La feria es una entidad viva. Como otros seres dotados de esta cualidad, a lo largo del tiempo, pasa por diversas etapas, donde se nos muestra de formas diferentes. Cuando uno peina canas puede hacer un repaso de primera mano de esas diferentes épocas de la feria que ha vivido. Es mi caso, pues he conocido la feria (las dos ferias de cada año), en diversos momentos, con sus esplendores y sus altibajos y hasta he participado también en su preparación.

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El autor, su hermano Roberto y su madre en la caseta de la OJE

De niño la feria se reducía a que te llevaran los padres o algún otro familiar durante un rato, y a actividades como montarse en algunas atracciones (los “cacharritos”), que te compraran un juguete, o que comieras jeringos, patatas fritas o el delicioso turrón, manjar que solo se prodigaba cuando llegaban las navidades. Más tarde, cuando empezabas a salir en pandilla con los amigos, cambiaban las atracciones que frecuentabas, podías consumir algún refresco en los aguaúchos sin la tutela de los mayores, y, encima, intentabas hablar a las niñas que conocías o te arriesgabas a conocer, mientras esperabas a montarte en los coches de choque, por ejemplo. De joven ya intentábamos “organizar” nuestra propia feria. En mi caso eso ocurrió a finales de los años setenta y durante los ochenta y noventa del siglo pasado. Es en esos primeros tiempos cuando un fenómeno “nuevo” surge: empiezan a proliferar las casetas (antes eran escasas), gracias a grupos de amigos (El cañaveral, Manicomio 79…), clubes deportivos, empresas, partidos políticos, sindicatos, etc. Los jóvenes que nos agrupábamos en la Asociación Cultural Vientos del Pueblo llegamos a montar varias veces una caseta en los terreros que había junto a la Fábrica de Harina, donde hoy está el mirador del Genil. Era la época donde no había un recinto exclusivo para las casetas, estando éstas repartidas por el Paseo, junto a los cacharritos, y en sus alrededores. Solo destacaban como edificios de obra los aguaúchos, el Casino, la Caseta de la Amistad y los bailes de final del Paseo (El Munster club y la OJE, primero, y más tarde Club Juvenil).

Broncos y Munsters

Los Munsters y Los Broncos

Poco a poco fueron surgiendo establecimientos nuevos en las ferias al calor de su pujanza: “La Bombilla” (en la antigua casa de los “Juncos”), “El tenderete de los impresentables” (en el anterior sitio de la empresa COPALCRO), “La marcha fresca” (en el Quiosco de la Música) y otras que aprovechaban, sobre todo el verano, para ofrecer a los jóvenes su entretenimiento. Porque es sobre todo en los ochenta cuando la feria de Agosto cobra mayor protagonismo. Los jóvenes en mayo teníamos exámenes y en agosto vacaciones. En mayo llovía (y llueve) muchas veces. En verano teníamos más ganas de diversión, y más tiempo y mejor clima. Y pasábamos todo el día en la Feria, porque, a pesar del calor, aguantábamos allí, y siempre había un alma caritativa que cogía una manguera de riego y nos refrescaba mientras bailábamos y nos rebozábamos con el polvo del albero. Además, entonces, los emigrantes palmeños (en Cataluña, Madrid, País Vasco, Alemania, Francia, etc) aprovechaban las vacaciones de verano para volver al pueblo, con lo que la población aumentaba, con ganas de diversión y de pasar unos días con familiares y amigos, alejados el resto del año. Eso provocó la costumbre de agasajarles en Feria con un arroz, en la caseta municipal, el antiguo Cine Coliseo España, que había comprado el Ayuntamiento para este fin.

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Entrada al Paseo en los años 70

Este fenómeno se refuerza con las obras que se hicieron en el Paseo en 1991, que permitieron trasladar las atracciones a un solar frente al colegio San Sebastián, y disponer de un recinto de casetas donde antes se instalaba la calle del infierno, dotado de sombra, calles urbanizadas y estructuras y lonas alquiladas por el Ayuntamiento, dando más realce, belleza y orden al recinto, además de permitir dos tipos de casetas, unas de estilo tradicional y otras (en otra parte) para música de discoteca. Las casetas que se multiplicaron antes pudieron instalarse en el nuevo recinto, lo que mantuvo el protagonismo de la Feria de Agosto, como feria más concurrida, durante unos años.

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Mi hermana Soledad

Siendo concejal participé en más de un debate sobre el futuro de las ferias. Uno de ellos era la posibilidad de unificar la Feria de Agosto con las Fiestas Patronales, fiestas estas últimas que también empezaron a decaer, desde aquellos tiempos en que no había espacio para montar quioscos, de la demanda que había de suelo, hasta hoy día, en que casi no hay establecimientos que sirvan en la Velá. Un debate que, como el Guadiana, aparece y desaparece, para surgir más tarde ante nuestros ojos, sin llegar a cuajar. Recuerdo una reunión con la directiva de la Hermandad de la Virgen de Belén, donde nos manifestaron que su mayor interés eran los actos litúrgicos y no tanto potenciar los aspectos lúdicos, además de preservar la identidad y singularidad de sus conmemoraciones, manteniendo fechas y lugares de celebración (en los setenta ya hubo intentos de trasladarla al Paseo y fueron un fiasco). Era lógico lo que pretendían y, como responsables de su organización, los únicos legitimados para decidir. Así que, en mucho tiempo, no volvimos a plantearles el tema.

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Escenario y público de la feria de agosto de 2017

La Feria de Agosto es ya una feria diferente a la de Mayo. No hay casetas (las que se montan en Mayo también son menos, paulatinamente), solo perviven los tradicionales quioscos del Paseo (los aguaúchos), que prestan un magnífico servicio a quienes asisten a la feria, como siempre. Las atracciones, aunque en menor número (pues son numerosas las ferias y fiestas de los pueblos de nuestro entorno), siguen concurriendo y sirviendo de diversión para niños y más jóvenes. La feria de día ha desaparecido, pues nos hemos vuelto cómodos y no queremos pasar calor, pero por las noches hasta cuesta trabajo encontrar una mesa donde sentarse a tomar una copa y una tapa. Y lo llamativo es que el Ayuntamiento programa las actuaciones, que antes se desarrollaban en la Caseta Municipal, al final del Paseo. En otras épocas se había intentado, pero los palmeños y palmeñas hemos preferido bailar en recintos cerrados, no “en la calle”, salvo cuando nos íbamos a las ferias de los alrededores, como la de Hornachuelos o Fuente Palmera, donde sí nos desmelenábamos bailando hasta altas horas de la madrugada delante de la orquesta que actuaba en la plaza del pueblo. Hace dos años asistí atónito al espectáculo de verme entre decenas y decenas de personas que deambulaban por el Paseo, tras haber estado toda la noche bailando y cantando delante de las orquestas, casi a las ocho de la mañana, sin saber qué hacer pues no había ya ningún establecimiento abierto, y con más ganas de feria. Si me lo cuentan, no me lo hubiera creído, pero lo vi con mis propios ojos. Y pensé: si a estos les dices que le vas a quitar la Feria de Agosto, te quitan a ti de en medio.

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Caseta “Los Aburríos” 1950

¿Que hay gente que se va a la playa durante la feria (no solo en la de Agosto, también ya en la de Mayo)? Libres son, nadie está obligado a permanecer aquí, pero también hay mucha gente que se queda y que tiene derecho a disfrutar “su Feria”, sin fastidiar a otros; como hay palmeños y palmeñas que no participan en otras celebraciones y no, por ello, claman por su desaparición. ¿Que los jóvenes ya no montan casetas, como hacíamos los de nuestra generación hace años, porque tienen una “feria barata” cada fin de semana con el botellón? Da igual, si les dices que les vas a quitar la feria, se enfadan y te sueltan eso tan socorrido de que “en Palma es que no hay nada”. ¿Es que tenemos que cargarnos la Feria para potenciar otras actividades? La Feria de Agosto es una feria que forma parte de nuestro Acervo Histórico y Cultural, que tiene siglos de vida (desde 1451, más antigua que la Feria de Sevilla) y que solo se suspendió en el siglo XIX por una epidemia animal, lo que dio lugar a la aparición de la Feria de Mayo. No tiene sentido suprimirla si hay motivos históricos, económicos, tradicionales, y habitantes dispuestos a seguir manteniéndola, de la manera que ellos la entienden. ¡Defendamos y protejamos nuestras ferias!

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Roberto, la tía Adelina y el autor en los cacharritos

Las ferias, como decía al principio, son como los seres biológicos, pasan por diversas vicisitudes durante su existencia, y terminarán pereciendo. ¿Está muerta la feria de Agosto? A mi juicio, no. Ni al criterio de las miles de personas que van al Paseo en esos días de fiesta. No seamos nosotros los que le demos la estocada final, cuando hay muchos paisanos y paisanas (además de los que siguen visitándonos de los alrededores) que sienten su feria como algo propio, sin distinción de credos, ideologías u ocupaciones. Es ya una feria diferente, sí, diferente a la de Mayo, diferente a las ferias de otras épocas, que, por mucho que las recordemos con añoranza, no volverán. Pero sigue viva. Las ferias serán lo que queramos los habitantes de este hermoso pueblo, todos; pueblo que vive según los tiempos que nos ha tocado en suerte. Disfrutemos de las Ferias, las dos. En Agosto, y, por supuesto, en la que empieza ahora, la Feria de Mayo. ¡Que tengan una buena feria!

Décimo aniversario

1959-Palma del Rio-02aHace diez años empecé una aventura, la aventura de escribir en un blog. El blog se llamó Celtibético. Un 20 de noviembre (¡qué fecha para empezar algo nuevo!… y en libertad) comenzaba con estas palabras: “Hoy estreno este blog. Desde aquí publicaré mi “tablón de anuncios”, como en los tiempos de la universidad. Espero que salga como aquellos…. Pero mejorado por los años.” Me refería con lo del “tablón de anuncios” a la cartulina que colocaba periódicamente en la habitación que tenía en cada piso que compartí con amigos también estudiantes, cuando vivía en Córdoba, para cursar la carrera universitaria. Aquella cartulina se iba llenando de recortes de prensa o revistas, de anotaciones mías, de dibujos, de todo lo que se me ocurriese, o se le ocurriese a algunos de mis compañeros de piso, ya que incluso hay quien se atrevió a expresarse en aquel “periódico” tan personal. Y digo “periódico”, pues siempre adoptaba la forma de un periódico mural, con su cabecera y todo, que iba cambiando cada vez que empezaba uno nuevo. Recuerdo, por ejemplo “El PIS” (recortando la cabecera de El País), o “Scheavy Mettal” (jugando con mi apodo y el nombre de uno de mis estilos musicales preferidos). Con los años, internet me permitió hacer algo parecido, pero ya no circunscrito a las cuatro paredes de mi habitación, sino abierto al mundo, a quienes quisiesen asomarse a mi página para ver o leer lo que en ella yo iba publicando.

Hoy el blog cumple 10 años. Un decenio repleto de publicaciones, unas mejores y otras no tanto. Aunque el último año en que nos encontramos ha sido el menos prolífico, ya que durante más de mes y medio (desde el 20 de mayo hasta principios de julio) tuve el blog bloqueado por problemas de identificación en la plataforma que lo aloja. Además de verme inmerso en plena vorágine de exámenes de oposiciones, cuya preparación me tiene entretenido desde hace bastante tiempo.

Durante este año el blog “ha tenido un hijo”, un nuevo “Celtibético” (éste que estás visitando, amable lector o lectora), alojado en otra casa. Allí he vuelto a publicar entradas que en su momento fueron populares, y, además, he publicado otras nuevas, casi siempre dentro de la temática local, basada en mis recuerdos de juventud e infancia, que he llamado “Geografía evocadora palmeña”. Por eso quiero celebrar este cumpleaños con otra aportación a los recuerdos. Una imagen más de la conocida antaño como Plaza del Guardia, a la que he dedicado varios trabajos. Una foto no ya con 10, sino con 58 años, de un autor del que he publicado otras antes, José de las Heras. Otra imagen más de un punto central en la geografía palmeña y su historia. Disfrútenla.

El Cordobés, en Palma del Río, torea por primera vez

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Manuel Benítez “El Cordobés”, toreó en Palma en 1960, cuando todavía no había tomado la alternativa, en una plaza portátil. Una novillada con picadores (la primera) con reses de Juan Pedro Domecq. Cortó cuatro orejas y un rabo. Triunfo total en su tierra. Esta fotografía, del archivo de José de las Heras, da fe de que ya se estaba convirtiendo en ídolo de masas. Nos lo muestra rodeado de admiradores de todas las edades, ufanos, ratratándose con el joven aspirante a torero, ya famoso.

De nuevo echo mano de una de las fotos de este no muy numeroso, pero sí interesante archivo gráfico, pues en ella, delante de “El Cordobés” aparece la hija pequeña del técnico que vino a las obras de ampliación del Canal del Bajo Guadalquivir, Begoña. También, al otro costado del torero, encontramos a Brígida Trujillo, hija del médico Juan Trujillo del Río (nombre que ostenta el Centro de Salud), cuyos familiares fueron amigos de esta familia que recaló algunos años en nuestra ciudad, conocida como “los bilbaínos”.

En la imagen aparecen otros personajes conocidos, que no dudaron en fotografiarse junto al diestro triunfador. De izquierda a derecha: Atanasio Caro Nieto, pariente de la familia Caro Dugo de la calle Feria (residente en Madrid), Alvaro Martínez Conradi, propietario de la ganadería de toros bravos “La Quinta”, sita en la Finca “Fuen La Higuera”, Miguel Delgado Reina, hijo (ya fallecido) del alcalde de entonces, Miguel Delgado Ruiz (también fallecido), que aparece a continuación (con bigote), junto a “El Cordobés”. Le siguen Antonio Raso Tirado, que vivía en la casa del Arco de la Calle Ancha (junto al surtidor), que, junto con otras edificaciones, posteriormente fueron demolidas para hacer una gran promoción de viviendas. Y Manuel Jiménez, veterinario ya fallecido. Les acompañan otros paisanos, entre adultos y niños, cuya identidad desconozco. Y dejan constancia de la alegría, por el resultado del festejo, celebrándolo en un bar de la localidad palmeña. Otro documento histórico e interesante de nuestro pasado reciente.

El astronauta y otras sorpresas de la catedral de Salamanca

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El año pasado, con motivo de una parada en Salamanca en nuestras vacaciones, comenté mi primera visita a esta ciudad, ya hace años, haciendo especial referencia a la rana que hay en la fachada de la Universidad. Como hemos vuelto por allí este año, me puse a buscar otro elemento famoso de la arquitectura local, que me quedó por ver el viaje pasado: el astronauta de la Catedral.

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En  nuestro primer día del viaje de vacaciones visitamos la parte más conocida de Salamanca: la Universidad, el huerto de Calixto y Melibea, la Plaza Mayor, el convento de San Esteban, la casa Lis (Museo Art Nouveau y Art Deco)… y, por supuesto, la Catedral. O mejor dicho, las catedrales, pues son dos, la Catedral vieja (románica y gótica) y la Catedral nueva (gótica tardía, renacentista y barroca). Buscamos la vieja con empeño pues no veíamos nada más que la nueva, llegando a rodearla, hasta que un joven que nos ofrecía el menú de un restaurante nos indicó que ambas estaban unidas (la vieja era esa parte que nos mostraba una torre con un gallo de veleta, sobre el ábside claramente románico).

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Entonces le preguntamos al joven por el astronauta y nos indicó su lugar exacto. “Además podréis ver más sorpresas” nos dijo. Así que partimos de nuevo hacia la plaza de Anaya, donde se abre ante nosotros la conocida como Puerta de Ramos. El año pasado la fotografié, pero no encontré al famoso navegante de las estrellas, que tanto asombra al visitante. Tampoco me percaté de los demás “intrusos”.

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Hay una liebre (como nos dijo el joven paisano), que muchos conocen como “el conejo de la suerte”. Alguien se inventó que, si lo acariciabas, te traería la buena fortuna. Así que presenta un color diferente y está más pulida que las otras figuras de tanto pasarle la mano por encima.

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Vemos también una langosta o cangrejo de río (hay diferentes versiones) en el mismo lateral. También un lince, una cigüeña y lo que unos llaman un dragón y otros un diablillo o duende: una figura antropomorfa que nos mira con sonrisa burlona y nos muestra el rabo enredado entre la espalda y sus piernas, y su trasero. Podría pasar como un adorno original, pero el cucurucho con varias bolas de helado que porta en su mano izquierda nos adelanta el origen de esta y las demás figuras de las que hablamos.

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Y, si elevamos la mirada, junto a un toro, encontramos al ansiado astronauta. Se nos muestra como flotando en el espacio exterior, con su escafandra, su caso, los tubos de respiración y la mochila de aire. Las suelas de sus botas exhiben el dibujo que dejaron las huellas, que conocemos por las fotografías de la NASA, de los primeros pasos en el primer viaje a la Luna.

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Para los turistas es algo asombroso y no paran de hacerle fotos (además de acariciar la liebre, por estar al alcance de la mano). Hay quien ha aventurado algún “viaje astral” del escultor de la puerta para justificar la presencia de un intruso tan del siglo XX en una puerta con varios siglos de antigüedad. Sin embargo el motivo es menos esotérico: en 1993 se restauró esta puerta, al mostrarse en esta ciudad la exposición “Las edades del Hombre”, y el escultor incluyó elementos modernos, para dejar constancia de que eran fruto de esa restauración.

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Algo que es hoy día norma para la recuperación de obras de arte históricas, y ha ocurrido en otros monumentos y otras ciudades, como se puede ver (aunque no muy bien) en la foto que saqué el año pasado en la Catedral de San Antolín de Palencia, donde una de las gárgolas restaurada muestra a un fotógrafo con su batón y su cámara de fuelle.

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Por cierto, el astronauta de Salamanca también ha tenido que ser restaurado, pues en 2010 unos gamberros le arrancaron el brazo derecho. En la imagen se ve con claridad que es otra pieza añadida, en la que no apreciamos las arrugas del traje, ni el guante que le cubría la mano con las muescas de los dedos, como se ve en su mano izquierda. En fin, que el misterio se desveló esta vez. Y nos pudimos ir de la capital charra con la satisfacción de haber encontrado al viajante interestelar.