Décimo aniversario

1959-Palma del Rio-02aHace diez años empecé una aventura, la aventura de escribir en un blog. El blog se llamó Celtibético. Un 20 de noviembre (¡qué fecha para empezar algo nuevo!… y en libertad) comenzaba con estas palabras: “Hoy estreno este blog. Desde aquí publicaré mi “tablón de anuncios”, como en los tiempos de la universidad. Espero que salga como aquellos…. Pero mejorado por los años.” Me refería con lo del “tablón de anuncios” a la cartulina que colocaba periódicamente en la habitación que tenía en cada piso que compartí con amigos también estudiantes, cuando vivía en Córdoba, para cursar la carrera universitaria. Aquella cartulina se iba llenando de recortes de prensa o revistas, de anotaciones mías, de dibujos, de todo lo que se me ocurriese, o se le ocurriese a algunos de mis compañeros de piso, ya que incluso hay quien se atrevió a expresarse en aquel “periódico” tan personal. Y digo “periódico”, pues siempre adoptaba la forma de un periódico mural, con su cabecera y todo, que iba cambiando cada vez que empezaba uno nuevo. Recuerdo, por ejemplo “El PIS” (recortando la cabecera de El País), o “Scheavy Mettal” (jugando con mi apodo y el nombre de uno de mis estilos musicales preferidos). Con los años, internet me permitió hacer algo parecido, pero ya no circunscrito a las cuatro paredes de mi habitación, sino abierto al mundo, a quienes quisiesen asomarse a mi página para ver o leer lo que en ella yo iba publicando.

Hoy el blog cumple 10 años. Un decenio repleto de publicaciones, unas mejores y otras no tanto. Aunque el último año en que nos encontramos ha sido el menos prolífico, ya que durante más de mes y medio (desde el 20 de mayo hasta principios de julio) tuve el blog bloqueado por problemas de identificación en la plataforma que lo aloja. Además de verme inmerso en plena vorágine de exámenes de oposiciones, cuya preparación me tiene entretenido desde hace bastante tiempo.

Durante este año el blog “ha tenido un hijo”, un nuevo “Celtibético” (éste que estás visitando, amable lector o lectora), alojado en otra casa. Allí he vuelto a publicar entradas que en su momento fueron populares, y, además, he publicado otras nuevas, casi siempre dentro de la temática local, basada en mis recuerdos de juventud e infancia, que he llamado “Geografía evocadora palmeña”. Por eso quiero celebrar este cumpleaños con otra aportación a los recuerdos. Una imagen más de la conocida antaño como Plaza del Guardia, a la que he dedicado varios trabajos. Una foto no ya con 10, sino con 58 años, de un autor del que he publicado otras antes, José de las Heras. Otra imagen más de un punto central en la geografía palmeña y su historia. Disfrútenla.

El Cordobés, en Palma del Río, torea por primera vez

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Manuel Benítez “El Cordobés”, toreó en Palma en 1960, cuando todavía no había tomado la alternativa, en una plaza portátil. Una novillada con picadores (la primera) con reses de Juan Pedro Domecq. Cortó cuatro orejas y un rabo. Triunfo total en su tierra. Esta fotografía, del archivo de José de las Heras, da fe de que ya se estaba convirtiendo en ídolo de masas. Nos lo muestra rodeado de admiradores de todas las edades, ufanos, ratratándose con el joven aspirante a torero, ya famoso.

De nuevo echo mano de una de las fotos de este no muy numeroso, pero sí interesante archivo gráfico, pues en ella, delante de “El Cordobés” aparece la hija pequeña del técnico que vino a las obras de ampliación del Canal del Bajo Guadalquivir, Begoña. También, al otro costado del torero, encontramos a Brígida Trujillo, hija del médico Juan Trujillo del Río (nombre que ostenta el Centro de Salud), cuyos familiares fueron amigos de esta familia que recaló algunos años en nuestra ciudad, conocida como “los bilbaínos”.

En la imagen aparecen otros personajes conocidos, que no dudaron en fotografiarse junto al diestro triunfador. De izquierda a derecha: Atanasio Caro Nieto, pariente de la familia Caro Dugo de la calle Feria (residente en Madrid), Alvaro Martínez Conradi, propietario de la ganadería de toros bravos “La Quinta”, sita en la Finca “Fuen La Higuera”, Miguel Delgado Reina, hijo (ya fallecido) del alcalde de entonces, Miguel Delgado Ruiz (también fallecido), que aparece a continuación (con bigote), junto a “El Cordobés”. Le siguen Antonio Raso Tirado, que vivía en la casa del Arco de la Calle Ancha (junto al surtidor), que, junto con otras edificaciones, posteriormente fueron demolidas para hacer una gran promoción de viviendas. Y Manuel Jiménez, veterinario ya fallecido. Les acompañan otros paisanos, entre adultos y niños, cuya identidad desconozco. Y dejan constancia de la alegría, por el resultado del festejo, celebrándolo en un bar de la localidad palmeña. Otro documento histórico e interesante de nuestro pasado reciente.

El astronauta y otras sorpresas de la catedral de Salamanca

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El año pasado, con motivo de una parada en Salamanca en nuestras vacaciones, comenté mi primera visita a esta ciudad, ya hace años, haciendo especial referencia a la rana que hay en la fachada de la Universidad. Como hemos vuelto por allí este año, me puse a buscar otro elemento famoso de la arquitectura local, que me quedó por ver el viaje pasado: el astronauta de la Catedral.

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En  nuestro primer día del viaje de vacaciones visitamos la parte más conocida de Salamanca: la Universidad, el huerto de Calixto y Melibea, la Plaza Mayor, el convento de San Esteban, la casa Lis (Museo Art Nouveau y Art Deco)… y, por supuesto, la Catedral. O mejor dicho, las catedrales, pues son dos, la Catedral vieja (románica y gótica) y la Catedral nueva (gótica tardía, renacentista y barroca). Buscamos la vieja con empeño pues no veíamos nada más que la nueva, llegando a rodearla, hasta que un joven que nos ofrecía el menú de un restaurante nos indicó que ambas estaban unidas (la vieja era esa parte que nos mostraba una torre con un gallo de veleta, sobre el ábside claramente románico).

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Entonces le preguntamos al joven por el astronauta y nos indicó su lugar exacto. “Además podréis ver más sorpresas” nos dijo. Así que partimos de nuevo hacia la plaza de Anaya, donde se abre ante nosotros la conocida como Puerta de Ramos. El año pasado la fotografié, pero no encontré al famoso navegante de las estrellas, que tanto asombra al visitante. Tampoco me percaté de los demás “intrusos”.

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Hay una liebre (como nos dijo el joven paisano), que muchos conocen como “el conejo de la suerte”. Alguien se inventó que, si lo acariciabas, te traería la buena fortuna. Así que presenta un color diferente y está más pulida que las otras figuras de tanto pasarle la mano por encima.

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Vemos también una langosta o cangrejo de río (hay diferentes versiones) en el mismo lateral. También un lince, una cigüeña y lo que unos llaman un dragón y otros un diablillo o duende: una figura antropomorfa que nos mira con sonrisa burlona y nos muestra el rabo enredado entre la espalda y sus piernas, y su trasero. Podría pasar como un adorno original, pero el cucurucho con varias bolas de helado que porta en su mano izquierda nos adelanta el origen de esta y las demás figuras de las que hablamos.

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Y, si elevamos la mirada, junto a un toro, encontramos al ansiado astronauta. Se nos muestra como flotando en el espacio exterior, con su escafandra, su caso, los tubos de respiración y la mochila de aire. Las suelas de sus botas exhiben el dibujo que dejaron las huellas, que conocemos por las fotografías de la NASA, de los primeros pasos en el primer viaje a la Luna.

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Para los turistas es algo asombroso y no paran de hacerle fotos (además de acariciar la liebre, por estar al alcance de la mano). Hay quien ha aventurado algún “viaje astral” del escultor de la puerta para justificar la presencia de un intruso tan del siglo XX en una puerta con varios siglos de antigüedad. Sin embargo el motivo es menos esotérico: en 1993 se restauró esta puerta, al mostrarse en esta ciudad la exposición “Las edades del Hombre”, y el escultor incluyó elementos modernos, para dejar constancia de que eran fruto de esa restauración.

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Algo que es hoy día norma para la recuperación de obras de arte históricas, y ha ocurrido en otros monumentos y otras ciudades, como se puede ver (aunque no muy bien) en la foto que saqué el año pasado en la Catedral de San Antolín de Palencia, donde una de las gárgolas restaurada muestra a un fotógrafo con su batón y su cámara de fuelle.

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Por cierto, el astronauta de Salamanca también ha tenido que ser restaurado, pues en 2010 unos gamberros le arrancaron el brazo derecho. En la imagen se ve con claridad que es otra pieza añadida, en la que no apreciamos las arrugas del traje, ni el guante que le cubría la mano con las muescas de los dedos, como se ve en su mano izquierda. En fin, que el misterio se desveló esta vez. Y nos pudimos ir de la capital charra con la satisfacción de haber encontrado al viajante interestelar.